¿Por qué es el estigma la gran asignatura pendiente en salud mental?

Las personas diagnosticadas de trastornos mentales graves, dependiendo del grado en que crean que los estereotipos sobre la enfermedad mental son legítimos y de su identificación con ellos, podrían responder de tres formas posibles: indiferencia, ira y autoestigma

Según el Diccionario de la Real Academia Española, estigma hace referencia a una “marca o señal en el cuerpo” y a “desdoro o mala fama”. Para la sociología, la estigmatización representa el respaldo a un conjunto de actitudes, conductas y emociones discriminatorias por parte de un grupo social hacia los miembros de otro subgrupo minoritario, coexistiendo elementos como etiquetar, generar estereotipos, separar, perder el estatus social y discriminar.

Por el contrario, el término autoestigma hace referencia a la internalización del estigma que determinadas personas pueden aceptar, de forma que se vuelve contra sí mismas, como resultado de su condición de minoría. Ocurre cuando los miembros de un grupo estigmatizado socialmente, conscientes de los prejuicios, estereotipos y de la discriminación que existe hacia ellos, respaldan e interiorizan esos mismos sentimientos, creencias y comportamientos.

Estigma, autoestigma y Salud Mental
En el autoestigma por padecer una enfermedad mental subyace un proceso psicológico adverso, mediante el cual, los pacientes llegan a creerse personas “peligrosas, incompetentes o viciosas”, como en el caso del alcoholismo. Este proceso conduce inexorablemente a la autodevaluación, baja autoestima y al aislamiento. Se estima que entre el 21,7% y el 49,5% de los enfermos mentales de todo el mundo experimentan niveles moderados o altos de autoestigma.

Las personas diagnosticadas de trastornos mentales graves, dependiendo del grado en que crean que los estereotipos sobre la enfermedad mental son legítimos y de su identificación con ellos, podrían responder de tres formas posibles: indiferencia, ira y autoestigma. La indiferencia y la ira permiten que la conciencia de la discriminación no afecte a la autoestima, pero ocurre todo lo contrario cuando el autoestigma intoxica el autoconcepto. Los teóricos de este tipo de modelo proponen que cuando la identidad se ve claramente influenciada por el autoestigma, las personas creen que no tienen posibilidad de recuperarse, lo que reduce la esperanza y la autoestima. Este hecho es conocido como la “paradoja de la identificación”, es decir, una vez que el sujeto acepta tener una enfermedad mental, puede correr el riesgo de aceptar que todos los estereotipos y prejuicios sobre dicho trastorno mental son ciertos, de forma que se llega a la consideración de que la recuperación es imposible. Como se muestra en la Figura 1, la desesperanza y la baja autoestima aumentan el riesgo de suicidio y disminuyen la interacción social, dejando a las personas más aisladas y con tendencia a afrontar, de manera más pasiva, los síntomas y factores estresantes, así como a limitar su participación en los grupos de apoyo social.

A medida que los individuos utilizan estrategias de afrontamiento más evitativas, es posible que ya no intenten incorporarse al mundo laboral, lo que puede disminuir, aún más, la interacción social. Finalmente, el afrontamiento evitativo, la disminución del compromiso con los equipos terapéuticos, el aislamiento social y la disminución del funcionamiento vocacional pueden aumentar la gravedad de los síntomas.

El autoestigma y la recuperación del alcoholismo y otras drogodependencias
Las personas con problemas con el alcohol o las drogas también sufren una alta estigmatización. En un estudio realizado en 14 países diferentes, en el que se clasificaba el grado de estigma al que se enfrentaban diferentes colectivos, el hecho de ser alcohólico o drogodependiente ocupaba las primeras posiciones. El consumo de sustancias a menudo se asocia con otras condiciones de salud, también estigmatizadas, como el VIH / SIDA, hepatitis o diversos problemas sociales. Además, la criminalización de los comportamientos relacionados con el uso de drogas parece legitimar la condena moral. Estos estereotipos, unidos a las campañas publicitarias en las que se relaciona el consumo de bebidas alcohólicas con diversos valores sociales, la solidaridad, la ecología o la lucha por el cambio climático, hacen que la vergüenza por haber desarrollado la dependencia alcohólica favorezca la idea de que “ellos no son normales”.

En una encuesta realizada a 100 pacientes que acudieron al Hospital Universitario 12 de Octubre para ser tratados de una dependencia grave del alcohol, 83 consideraban que “lo suyo era un vicio y no una enfermedad”. Esta idea la tenían tanto hombres como mujeres y era independiente del nivel educativo. En todos ellos, la vergüenza provocada por el autoestigma de ser “viciosos” era una dificultad para hablar de su problema en ambientes distintos a las sesiones grupales incluidas en el programa.

Movimientos por la recuperación y el programa “Ayúdate-Ayúdanos” en la lucha contra el estigma en la dependencia alcohólica
Se ha considerado que la remoralización puede ser de utilidad en la lucha contra el autoestigma. Este proceso cumple dos funciones: contrarresta la humillación, al reemplazar las creencias de depreciación moral, y mejora la confianza del sujeto en su capacidad para contribuir en la comunidad y cumplir con sus obligaciones sociales. Sin embargo, en los últimos 10 años se están produciendo una serie de cambios interesantes, que tienen como finalidad la visibilización de las personas en recuperación, es decir, se pasa de la intervención sobre quienes sufren la discriminación, a las intervenciones sobre la sociedad. Estados Unidos y España son un ejemplo de ello.

El movimiento por la recuperación desarrollado en Estados Unidos hace más de una década ha puesto de relieve una serie de ideas que recorren transversalmente a todos los grupos “por la recuperación”: a) La recuperación de la adicción es una realidad en millones de personas; b) hay muchos caminos para llevar a cabo la recuperación; c) la recuperación en un proceso voluntario; d) la recuperación se hace consistente en sociedades que la apoyan; e) las personas en recuperación son parte de la solución, ya que la recuperación devuelve a la sociedad lo que la adicción ha quitado.

En nuestro país, la Federación de Alcohólicos de la Comunidad de Madrid, en colaboración con el Hospital Universitario 12 de Octubre, desarrollaron el programa “Ayúdate-Ayúdanos”, que ha demostrado su eficacia en la recuperación de las personas con dependencia alcohólica y de sus familiares, además de haber comprobado la eficiencia del mismo. Este programa, además de favorecer la remoralización de las personas con dependencia alcohólica y de sus familiares, también integra las ideas de los movimientos norteamericanos por la recuperación, concienciando a los profesionales de la Salud Mental y a los médicos de Atención Primaria del valor que tienen para la sociedad estos grupos de ayuda-mutua que comparten dicho programa.

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