Se recomienda la vacuna frente a la COVID-19 a personas con VIH con independencia del recuento de CD4 y la carga viral

La actualización de la guía del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE UU sobre COVID-19 y VIH apunta, además, a que el manejo clínico de la COVID-19 en personas con el VIH debe ser el mismo que el de de la población general.

El Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE UU (DHHS, en sus siglas en inglés) ha actualizado sus recomendaciones provisionales frente a la COVID-19 para personas con el VIH, teniendo en cuenta la evidencia disponible sobre la intersección de ambas pandemias. La principal novedad es la recomendación de que todas las personas con el VIH reciban la vacuna frente a la COVID-19, sin importar el recuento de CD4 o la determinación de la carga viral.

No está claro si las personas con el VIH –muchas de las cuales ya son mayores y presentan problemas de salud subyacentes– tienen un mayor riesgo de adquirir la infección por SARS-CoV-2, virus causante de la COVID-19 (acrónimo en inglés de enfermedad por coronavirus 2019). Algunos estudios han mostrado que las personas con el VIH no tienen más probabilidades de adquirir el SARS-CoV-2 ni de desarrollar COVID-19 grave o morir por su causa.

Sin embargo, otras investigaciones han revelado que las personas con el VIH podrían presentar un riesgo ligeramente superior de sufrir peores resultados relacionados con la COVID-19, afectando de forma especial a las que tienen un recuento bajo de CD4 (véanse La Noticia del Día 28/09/2020 y La Noticia del Día 07/01/2021) o que presentan diversas comorbilidades –lo que se da con más frecuencia en personas con el VIH que en la población general (véase La Noticia del Día 03/11/2020) –. Por este motivo, algunos expertos instan a que se dé prioridad a las personas con el VIH en su conjunto para recibir la vacunación frente a la COVID-19, mientras que otros se decantan por priorizar a aquellos que por su situación clínica estarían en un mayor riesgo de COVID-19 grave.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE UU (CDC, en sus siglas en inglés) afirman que las personas con el VIH podrían tener un mayor riesgo de desarrollar COVID-19 grave; sin embargo, el VIH no se incluye entre las enfermedades que se sabe que aumentan el riesgo. Actualmente, las directrices de los distintos estados son diversas en cuanto a la prioridad de las personas con el VIH para recibir la vacuna frente a la COVID-19.

Las tres vacunas autorizadas por la Agencia de la Alimentación y el Medicamento de EE UU (FDA, en sus siglas en inglés) –de Pfizer-BioNTech, Moderna y Janssen (Johnson & Johnson en EE UU)- se probaron en ensayos clínicos en los que participó un reducido número de personas con el VIH. Aunque los datos son limitados, parece que las personas con el VIH responden bien a las vacunas y no se han comunicado problemas de seguridad.

La guía del DHHS incluyen las siguientes actualizaciones:

Se recomienda que las personas con el VIH reciban la vacuna frente al SARS-CoV-2 independientemente del recuento de CD4 o de la carga viral, ya que los posibles beneficios superan los posibles riesgos.
La guía proporciona información sobre varios fármacos que se utilizan en la actualidad para tratar la COVID-19, incluidos los aprobados por la FDA, en particular remdesivir (Veklury®); de uso común, como dexametasona; o disponibles a través de la autorización de uso en caso de emergencia por la FDA, como barcitinib (Olumiant®), los anticuerpos monoclonales y el plasma convaleciente (latrasfusión de plasma de sangre de una persona que ya se ha curado a una persona que lo está padeciendo).
Las pautas de la guía señalan que las indicaciones para el uso de estos medicamentos deben ser las mismas para las personas con el VIH que para la población general
La guía incluye información actualizada sobre el curso clínico de la COVID-19 en el embarazo, destacando la importancia de continuar con la terapia antirretroviral cuando las mujeres embarazadas con el VIH son hospitalizadas debido a la infección por el SARS CoV-2.
También contiene información actualizada sobre la COVID-19 en población infantil, incluyendo una descripción sobre el síndrome inflamatorio multisistémico en los niños (MIS-C, en sus siglas en inglés). Se subraya la importancia de seguir las directrices de tratamiento antirretroviral pediátrico durante la pandemia.
Además, la guía incluye, entre otras, las siguientes recomendaciones:

Las personas con el VIH deben seguir las mismas medidas de prevención frente a la COVID-19 que la población general, como el uso de mascarillas, el distanciamiento físico, evitar las multitudes y lavarse las manos con frecuencia.
Los profesionales de la salud deben ayudar a garantizar que las personas con el VIH puedan mantener un suministro adecuado de antirretrovirales y otros medicamentos.
Las opciones de telemedicina, incluidas las llamadas telefónicas o las videollamadas, deberían tenerse en cuenta para las visitas rutinarias, el asesoramiento sobre la adherencia y el cribado de los pacientes enfermos.
Las personas con el VIH no deben cambiar su pauta antirretroviral con el fin de prevenir la infección por el SARS-CoV-2 o tratar la COVID-19.-
Si una persona con el VIH es hospitalizada por la COVID-19, se debe mantener el tratamiento antirretroviral y evitar la sustitución de fármacos. Los médicos deben evaluar las posibles interacciones entre los medicamentos para el VIH y los tratamientos para la COVID-19.
Cuando sea apropiado, los médicos pueden considerar la posibilidad de inscribir a personas con el VIH en ensayos clínicos de fármacos experimentales para la COVID-19; las personas seropositivas no se deben excluir de dichos ensayos.
Las personas con el VIH pueden necesitar ayuda adicional para la alimentación, la vivienda, el transporte y el cuidado de los niños en tiempos de crisis y problemas económicos, y los médicos deben evaluar estas necesidades y poner a los pacientes en contacto con los servicios sociales y otros recursos.
El distanciamiento social y el aislamiento durante la pandemia de la COVID-19 pueden agravar los problemas de salud mental o de consumo de sustancias de algunas personas con el VIH, por lo que los médicos deben evaluar y abordar estas preocupaciones.

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