Vivir con el VIH durante una cuarentena

Pumza Mooi, residente en Puerto Elizabeth, Sudáfrica, está preocupada, ya que es una de los 2,5 millones de personas en el país que viven con el VIH, pero que no reciben terapia antirretrovírica.

«He tomado la decisión de empezar con el tratamiento», confirma Mooi. «No importa cuán alto sea mi recuento de linfocitos CD4 o cuán baja mi carga vírica, nunca estará mejor que siguiendo el tratamiento contra el VIH. Debo hacerlo por mí misma, por mis hijos y por aquellos para los que soy un ejemplo. Tengo miedo de enfermar», afirma.

La decisión de Mooi de empezar el tratamiento contra el VIH llega en un momento de incertidumbre para las personas con un sistema inmunitario comprometido, debido al riesgo de una grave infección de COVID-19. Actualmente no hay pruebas de que las personas que viven con el VIH tengan mayor riesgo de contagio por COVID-19, pero existe la preocupación de que la infección pueda ser más severa para las personas seropositivas que no reciben terapia antirretrovírica.

Sudáfrica está bajo una cuarentena de 21 días para intentar frenar la propagación de este virus y el Ministro de Salud Zweli Mkhize ha instado a toda la población a tomar precauciones para prevenir la infección. Además, subraya la importancia de que todos conozcan su estado serológico, se realicen la prueba y empiecen inmediatamente el tratamiento si dieran positivo.

Sudáfrica está bajo una cuarentena de 21 días para intentar frenar la propagación de este virus y el Ministro de Salud Zweli Mkhize ha instado a toda la población a tomar precauciones para prevenir la infección. Además, subraya la importancia de que todos conozcan su estado serológico, se realicen la prueba y empiecen inmediatamente el tratamiento si dieran positivo.

Mooi contrajo el VIH hace muchos años, cuando la recomendación predominante era empezar con el tratamiento si el paciente experimentaba una reducción en el recuento de linfocitos CD4, así que enfermó. Desde entonces ha estado monitorizando su estado. En 2016, la Organización Mundial de la Salud publicó unas nuevas orientaciones generales en las que se recomendaba la terapia antirretrovírica de por vida a todos los niños, adolescentes y adultos, incluyendo mujeres embarazadas y lactantes, que vivieran con el VIH, sin importar su recuento de células CD4. Es decir, cualquier persona diagnosticada con VIH debería empezar de inmediato con el tratamiento.

ONUSIDA monitorea de manera activa el impacto del COVID-19 y trabaja con con el gobierno, con asociados para el desarrollo y con redes de personas que viven con el VIH para asegurarse de que se escuchan las preocupaciones de las personas seropositivas y de que se reflejan en la respuesta al COVID-19. Esto incluye identificar las limitaciones de los servicios de salud, fomentar las prescripciones de medicamentos antirretrovíricos que duren más tiempo (varios meses) y ayudar a las comunidades a ofrecer soluciones.

Utilización de redes sociales

La vida en confinamiento resulta especialmente difícil a las personas que viven en asentamientos informales y ONUSIDA ha reconocido el reto de conseguir la autoprotección, la distancia social y la contención en dichas áreas. A esto se le suman informes sobre el coronavirus que son imprecisos e inducen al miedo. «Hay mucha información en circulación, pero no toda es verdad», afirma Mooi. «Recuerdo a la gente que el gobierno nos ha dado un número de WhatsApp a través del cual podemos acceder a información veraz, sin preocuparnos de las demás. Si hay algo cierto, el gobierno nos lo dirá».

Por suerte, Mooi tiene una sólida red de apoyo tras haber dado a conocer su estado serológico en internet hace muchos años. «Sé que cuidarán de mí», afirma. Mooi modera grupos de apoyo de Facebook y WhatsApp de las personas que viven con el VIH. Estos cuentan con docenas de miembros, desde una persona de 16 años que nació con VIH hasta una mujer de 62 que lleva muchos años viviendo con el VIH.

Durante los últimos años, muchos miembros del grupo han compartido su experiencia de vida con el VIH, del tratamiento contra el VIH, de hacer frente al estigma y la discriminación, y de permanecer motivados. Su consenso es que recibir el tratamiento contra el VIH y seguirlo es la mejor opción, asegura Mooi.

Ahora hay un nuevo tema en los grupos. «Están preocupados por el COVID-19», comenta. «Les digo que no se preocupen, que estén en casa y que cuiden sus hábitos de higiene». De momento, todos saben que tendrán que acostumbrarse y cuidar unos de otros a distancia, para sobrellevar el aislamiento prolongado.

El grupo fomenta el debate, sobre todo las mujeres, aunque los hombres permanecen atentos. «Recibo mensajes de hombres que preguntan por qué no debatimos acerca de lo que les afecta a ellos, pero si no se abren, no siempre podrán contar con la ayuda que necesitan», comenta Mooi. «Animo a los hombres a que compartan sus historias y que nos podamos ayudar entre todos».

Mirando hacia el futuro

Como la mayoría, Mooi ya está deseando poder moverse con más libertad de nuevo y comenzar el tratamiento contra el VIH. Está haciendo lo que puede en casa para cuidar de sí misma, de su madre y de su hija, y para animar a sus redes de personas que viven con el VIH. «Hacemos lo que nos dicen que hagamos, como lavarnos las manos y guardar la distancia con otras personas y, simplemente, rezando y esperando lo mejor», comenta Mooi.